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(De "El Diario", a raíz del concierto en que la ACR interpretó la Missa Brevis, de Mozart, junto a la orquesta Concerto da Camera, de Rosario.)    CONCIERTO SINFONICO CORAL    
Un hecho cultural históricamente trascendente
Quedará para los verdaderamente entendidos el juicio crítico del concierto sinfónico coral que tuvo lugar en la noche del sábado en el teatro Italia, evento que desde el punto de vista de la crónica objetiva que apenas nos animamos a realizar, constituyó históricamente uno de los más trascendentes hechos culturales de la vida de Rojas que haya tenido como partícipes principales a hijos de esta tierra.
Abona esa aseveración el hecho de que los dos coros de la Agrupación Coral de Rojas concretaron, en el marco de la celebración del 40° aniversario de la entidad, el desafío de presentarse junto a una orquesta de cámara -Concerto da Camera, de Rosario- con la dirección de un maestro del prestigio de Francisco Maragno, para interpretar música sinfónica, particularmente la hermosísima Missa Brevis, del inigualado Mozart.
Solamente en dos oportunidades anteriores -así se recordó- la ACR había cantado acompañada por orquestas de cámara, cuando cumpliera los 25 y los 30 años y actuara con la Orquesta de Cámara de La Plata.
Como es su característica y condición, las formaciones dirigidas por Alberto Perassolo y Juan Antonio Rodríguez dedicaron muchas horas de aprendizaje y ensayo para estar a la altura de las circunstancias frente al desafío autoimpuesto para marcar el espectáculo más relevante de los realizados con motivo del festejo de los 40 años.
La ACR tenía decidido hace ya tiempo festejar estas cuatro décadas cantando durante todo el año. Para eso nació y para eso vive y crece. El escenario compartido con Opus Cuatro y la Misa Criolla, el concierto de música popular Rojas y su Música, el Concierto Aniversario, la actuación en el Palais de Glace, fueron convirtiéndose en hitos del abanico de géneros que constituyó el repertorio elegido para este año hasta desembocar en la interpretación de la Missa Brevis en un concierto que permitió ver que no por haber establecido una mayor sintonía con temas de autores argentinos y latinoamericanos contemporáneos del cancionero popular, se haya desprendido del primigenio abrazo con lo clásico, con lo que emanó de los considerados verdaderamente genios de la música puñados de siglos atrás, para continuar llevando su mensaje de cultura a través de los escenarios.
Porque, en definitiva, la inteligente selección del repertorio y la forma en que se lo fue desgranando, cumplió con el objetivo de profundizar en este año tan especial para la ACR, su mensaje cultural, llevando a los oídos del pueblo que lo quisiera escuchar, composiciones de todos los tiempos y todas las latitudes. Hacer conocer esa música es hacer cultura. Y es una actitud honesta y por sobre todo valiente, en estos tiempos en que resulta tan fácil para unos pocos ganar dinero componiendo cuatro compases pegadizos y poniéndole un par de frases en las que está prohibida la poesía, para que buena parte de los que deciden los repertorios de las radios bombardeen a la audiencia horas y horas.
La gente -que también escucha y se entusiasma en una fiesta con la música "bailantera"- tiene olfato para estas cosas, sabe dónde está lo bueno, dónde hay trabajo, dónde hay esfuerzo, dónde hay respeto por el público, dónde está la intención de transmitir cosas que lleguen al espíritu. Por eso es que respondió masivamente a la propuesta de la ACR, y fue digno de destacar que no sólo el Italia estuvo lleno, sino que se pudo observar entre los asistentes a muchos jóvenes, incluso adolescentes, lo que resulta doblemente reconfortante, sobre todo teniendo en cuenta el comportamiento exhibido invariablemente por la platea frente al desarrollo del concierto, con un silencio inalterado antes y durante y verdaderos estallidos al final de cada interpretación.
Con la sobriedad y acierto que les son característicos, Juan Carlos Castro tuvo a su cargo las presentaciones. Con un envidiable poder de síntesis y un llamativo matiz docente -muy lejos de la pedantería en la que suelen caer algunos presentadores profesionales, haciendo innecesario alarde de su erudición- el colega radial situó al público en el tiempo y el espacio justos, anoticiando a algunos, refrescándoles la memoria a otros, para que todos pudieran recibir las interpretaciones lo mejor dispuestos que fuera posible.
EL CONCIERTO
La primera parte estuvo a cargo únicamente de la orquesta de cámara Concerto da Camera, que inició su actuación con la interpretación del allegro de la serenata "Pequeña música nocturna", de Wolfgang Amadeus Mozart.
Este prestigioso conjunto de cámara de la ciudad de Rosario, dirigido por el maestro Francisco Maragno, de Santa Fe, estuvo integrado en el concierto inicial por Patricia Ibáñez (concertino), Pablo Borzone y Oscar Galucci (primeros violines), Cristina Fernández y Daniela Carreto (segundos violines), Marcela Ajubita (viola) Martín Fernández (violoncelo), Domingo Porta (contrabajo), a quienes se agregarían Adelquis Salomón y Ezequiel Navone (trompetas) y Martín Bonilla (timbal), como así también la pianista rojense Verónica Lolo, para la segunda parte.
Continuó con el aire de la Suite N° 3 en Re Menor, de Johann Sebastian Bach, para luego ofrecer el allegro y el allegro assai del Concierto para cuerdas de Tomasso Albinoni.
En el cierre, Concerto da Camera ofreció la Sinfonía en si bemol mayor (allegro, moderato e dolce, allegro) de William Boyce, con especial lucimiento de la primera violinista Patricia Ibáñez con acompañamiento de Martín Fernández y Domingo Porta.
LA SEGUNDA PARTE
Tras un breve intervalo, ocupó el escenario una formación de más de cincuenta voces pertenecientes a la Agrupación Coral de Rojas, provenientes del Coro de Adultos que dirige Alberto Oscar Perassolo, y el Coro de Jóvenes que dirige Juan Antonio Rodríguez, en tanto que la orquesta de cámara regresó a la tarima, en este caso con el agregado de dos trompetas y el timbal.
En la apertura interpretaron el Coral de la Cantata N° 147 "Wohl mir dan ich Jesús Habe", de Johann Sebastian Bach.
Finalmente, llegó el turno de la obra principal que había sido elegida para este espectáculo, la Missa Brevis Koechel 220 "Spatzenmesse" (Misa de los Gorriones), de Wolfgang Amadeus Mozart, compuesta por seis partes: Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Benedictus y Agnus Dei.
En esta obra se lucieron como solistas y como cuarteto, la soprano Olga González, la contralto Delia Martínez, el tenor Ricardo Ravagnán y el barítono José Gesualdi.
El persistente aplauso de la concurrencia obligó al director Maragno a un bis, para lo cual eligió el Kyrie.
El director, con evidentes gestos de satisfacción, saludó y felicitó a Alberto Perassolo y Juan Antonio Rodríguez, saludó a los integrantes de la orquesta bajo su dirección, hizo bajar para ponerlos frente al público a los cuatro solistas, y señaló finalmente al público su reconocimiento por el trabajo de la masa coral. El maestro Maragno destacó el hecho cultural que se había vivido, no sólo en el sentido de la recreación del espíritu, sino porque había constituido un verdadero desafío, no exento de dificultades (los coros en Rojas, los músicos en Rosario, el director general en Santa Fe) a las cuales -explicó- él había decidido afrontar porque había visto en la propuesta un proyecto verdaderamente serio, realizable, y que además, se basaba en una obra que si bien Mozart tiene creaciones mejores, es verdaderamente bellísima, que hace crecer como personas a quienes las interpretan y las escuchan, lo mismo que las obras de Bach.
Finalmente, hizo formar nuevamente a orquesta y coro para entregar el breve pero precioso Sanctus, renovándose una y otra vez los largos aplausos de la concurrencia, que terminó de pie reconociendo la tarea de los artistas, quienes también se aplaudían entre sí, los coreutas a la orquesta y su director, la orquesta a su director y a los coros, los coros a sus solistas y a sus directores... en fin, no quedó absolutamente nadie en la sala del Italia que pudiera sustraerse a la reacción emocional provocada por el hecho artístico de alto vuelo, ese deseo de agradecer y reconocer que se transmite a través del aplauso entusiasta y persistente.
Lejos -lo admitimos- de poder formular un juicio crítico del hecho artístico, como observadores de la realidad nos quedamos con esas imágenes del público en el cierre, en el abandonar de las plateas, en la salida de la sala, momentos en los que resultó fácilmente palpable que era generalizada la satisfacción que nos embargaba por el espectáculo disfrutado. (La foto de este concierto ilustra la portada de este sitio)
Ricardo A. Silveira
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